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Qué decir a tu hijo después de un mal partido

Qué decir a tu hijo después de un mal partido

Un mal partido forma parte del fútbol. Incluso los jugadores con más experiencia tienen días en los que las cosas no salen como esperaban: un control que falla, un pase que no llega, una ocasión que se escapa o una actuación muy por debajo del nivel habitual.

Para un niño, sin embargo, ese partido puede sentirse como mucho más que un simple mal día. Puede aparecer la frustración, la tristeza, la rabia o incluso la sensación de haber decepcionado a sus compañeros, a su entrenador o a sus padres.

Por eso, lo que los padres dicen después de un partido puede ser muy importante. No se trata de buscar culpables ni de analizar cada jugada, sino de ayudar al niño a entender lo ocurrido, recuperar la confianza y seguir disfrutando del fútbol.

¿Qué siente un niño después de un mal partido?

Cada niño reacciona de una manera diferente. Algunos salen del campo enfadados, otros están tristes y otros prefieren no hablar.

También puede ocurrir que el jugador se culpe excesivamente por un error concreto:

  • «He perdido el partido».
  • «He jugado fatal».
  • «El entrenador estará enfadado conmigo».
  • «Todos han jugado mejor que yo».
  • «No sirvo para jugar al fútbol».

En estos momentos, lo primero que necesita el niño no es una explicación técnica. Necesita sentirse acompañado.

Un partido no define a un futbolista y, mucho menos, define a un niño.

Lo primero: no analizar el partido inmediatamente

Uno de los errores más habituales es intentar analizar el partido nada más terminar.

«Tenías que haber pasado el balón».

«¿Por qué no has tirado?»

«Ese gol era tuyo».

«Hoy has estado muy despistado».

Aunque la intención de los padres sea ayudar, este tipo de comentarios puede aumentar la frustración del jugador.

Después de competir, especialmente cuando el resultado o el rendimiento no han sido buenos, puede ser más conveniente dar espacio y tiempo para que el niño se calme.

Una pregunta sencilla como:

«¿Cómo te has sentido?»

puede ser mucho más útil que comenzar a enumerar errores.

¿Qué decir después de un mal partido?

No existe una frase mágica que funcione para todos los niños, pero sí podemos utilizar mensajes que ayuden a mantener una relación saludable con la competición.

1. «¿Cómo estás?»

Antes de hablar del partido, pregunta cómo se encuentra.

Puede parecer una pregunta sencilla, pero permite saber qué necesita en ese momento.

Quizá quiera hablar. Quizá necesite estar tranquilo. Quizá simplemente quiera irse a casa y olvidarse del fútbol durante un rato.

Escuchar es también una forma de ayudar.

2. «Un partido no define cómo juegas»

Un mal partido es solamente eso: un partido que no ha salido bien.

Es importante evitar que el niño convierta una mala actuación puntual en una conclusión sobre sí mismo.

No es lo mismo:

«Hoy no he jugado bien».

que:

«Soy malo jugando al fútbol».

Ayudarle a diferenciar ambas ideas es fundamental.

3. «Todos los jugadores tienen días malos»

Los futbolistas profesionales también fallan pases, pierden balones, fallan ocasiones y disputan partidos en los que no encuentran su mejor versión.

El objetivo no es conseguir que un niño nunca se equivoque.

El objetivo es que aprenda a convivir con el error y a seguir adelante después de él.

4. «¿Hay algo que quieras mejorar?»

Cuando el niño ya esté tranquilo, podemos ayudarle a transformar la frustración en aprendizaje.

En lugar de decirle directamente qué ha hecho mal, podemos preguntarle:

«¿Hay algo que crees que podrías hacer mejor la próxima vez?»

Esta pregunta permite que el propio jugador reflexione sobre su actuación.

Además, fomenta algo muy importante en su formación: la capacidad de analizarse y aprender de sus propias experiencias.

5. «Estoy orgulloso de ti independientemente del resultado»

El niño necesita saber que el cariño y el reconocimiento de sus padres no dependen del marcador.

Si percibe que sus padres solamente están orgullosos cuando gana o cuando juega bien, puede terminar asociando el fútbol con la necesidad de cumplir expectativas.

En cambio, reconocer su esfuerzo, compromiso, actitud y capacidad para seguir aprendiendo ayuda a construir una relación mucho más saludable con la competición.

Lo que NO conviene decir

A veces, intentando motivar, podemos conseguir justo el efecto contrario.

«¿Cómo has podido fallar eso?»

Un error ya forma parte del partido. Recordárselo repetidamente no lo va a solucionar.

«Si hubieras hecho lo que te dije…»

El jugador necesita escuchar a su entrenador y aprender dentro del contexto del equipo. Los padres no deberían convertirse en un segundo entrenador desde la grada.

«Hoy has jugado fatal»

Una valoración global y negativa puede afectar a la confianza del niño.

Es mucho más útil hablar de situaciones concretas cuando sea necesario y siempre desde una perspectiva de aprendizaje.

«Lo importante es ganar»

Si el niño percibe que el resultado es lo más importante para sus padres, puede terminar asociando su valor como jugador a ganar o perder.

La competición importa, pero el desarrollo del futbolista debe ir mucho más allá del marcador.

«Mañana tienes que demostrar que eres mejor»

Después de una mala actuación, el niño no necesita más presión.

Necesita recuperar la confianza y volver a disfrutar del juego.

El papel de los padres después de un partido

Los padres tienen una influencia enorme en la experiencia deportiva de sus hijos.

Durante un partido pueden animar, acompañar y disfrutar. Después, pueden convertirse en un punto de apoyo para el jugador.

Pero hay una diferencia importante entre acompañar y dirigir.

El entrenador es quien debe analizar los aspectos deportivos del partido. Los padres pueden ayudar al niño desde otro lugar: escucharle, darle confianza y enseñarle a gestionar las emociones que aparecen durante la competición.

Una buena pregunta después de un partido puede ser:

«¿Qué es lo que más te ha gustado de tu partido?»

Y después:

«¿Hay algo que quieras mejorar para el próximo?»

De esta manera, el foco pasa del resultado al aprendizaje.

Enseñar a gestionar la frustración

Perder o jugar mal no es agradable. Y tampoco es necesario decirle a un niño que «no pasa nada» cuando claramente sí le importa.

Sí pasa algo: está frustrado, triste o enfadado.

Y está bien.

Lo importante es enseñarle que esas emociones también forman parte del deporte y que puede aprender a gestionarlas.

La frustración puede convertirse en una oportunidad para desarrollar paciencia, esfuerzo, responsabilidad y capacidad de superación.

Un niño que aprende a levantarse después de un mal partido está desarrollando herramientas que le servirán dentro y fuera del fútbol.

El fútbol no termina después del partido

Una vez termina el encuentro, el niño sigue siendo el mismo.

Sigue teniendo sus amigos, su familia, sus intereses y todas las cosas que hacen que sea mucho más que un futbolista.

Por eso es importante que el fútbol ocupe un lugar importante en su vida, pero no toda su identidad.

Un resultado no debería determinar su estado de ánimo durante toda la semana.

Ni una victoria debería convertirle en un héroe.

Ni una derrota debería hacerle sentirse un fracaso.

Convertir un mal partido en aprendizaje

La competición ofrece constantemente oportunidades para aprender.

Un mal partido puede servir para detectar aspectos que mejorar:

  • La concentración.
  • La toma de decisiones.
  • La actitud.
  • La comunicación con los compañeros.
  • La técnica.
  • La comprensión del juego.
  • La gestión de los errores.

Pero ese aprendizaje necesita tiempo.

No todo tiene que solucionarse después del pitido final.

A veces, lo mejor que puede hacer un padre es escuchar, abrazar y dejar que el entrenador haga su trabajo.

Después llegará el siguiente entrenamiento y habrá una nueva oportunidad para aprender.