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Cómo ayudar a tu hijo con la frustración cuando pierde

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Cómo ayudar a tu hijo con la frustración cuando pierde

Perder un partido, fallar una ocasión o quedarse fuera de una convocatoria puede ser difícil para cualquier joven futbolista. La frustración forma parte del deporte, pero aprender a gestionarla también forma parte de la formación.

La frustración también se aprende

Un niño no nace sabiendo gestionar una derrota.

Cuando pierde puede aparecer:

  • Enfado.
  • Tristeza.
  • Ganas de abandonar.
  • Miedo a volver a competir.
  • Sensación de no ser suficientemente bueno.

Todas estas emociones pueden aparecer en algún momento. Lo importante es ayudar al niño a entenderlas y aprender a manejarlas.

No intentes quitarle la emoción

Una reacción habitual de los padres es intentar solucionar rápidamente el malestar:

«No pasa nada».

Pero para el niño sí puede estar pasando algo. Quizá llevaba toda la semana esperando ese partido.

En lugar de minimizar lo que siente, podemos decir:

«Entiendo que estés enfadado. Te hacía mucha ilusión ganar.»

Reconocer la emoción ayuda al niño a sentirse comprendido.

Evita hablar del resultado inmediatamente

Después de una derrota quizá no sea el mejor momento para analizar tácticamente el partido.

Preguntas como:

«¿Por qué no has hecho esto?»

o

«¿Cómo habéis podido perder?»

pueden aumentar la frustración.

Primero hay que dejar que el jugador se calme. El análisis puede llegar después.

Ayúdale a centrarse en lo que puede controlar

Un niño no puede controlar el árbitro, el rival, el resultado o todas las acciones de sus compañeros.

Sí puede controlar:

  • Su esfuerzo.
  • Su actitud.
  • Su concentración.
  • Cómo trata a sus compañeros.
  • Cómo responde después de equivocarse.

Enseñarle a centrarse en aquello que depende de él es una herramienta que podrá utilizar durante toda su etapa deportiva.

Convertir la derrota en aprendizaje

Una vez que la emoción ha bajado, podemos ayudarle a reflexionar:

¿Qué salió bien?

¿Qué podrías mejorar?

¿Qué puedes hacer diferente la próxima vez?

Estas preguntas convierten una experiencia negativa en una oportunidad para aprender.

El objetivo no es conseguir que el niño nunca se frustre. Es conseguir que sepa qué hacer cuando aparece la frustración.

Los padres no deben convertirse en entrenadores

El entrenador tiene la responsabilidad de enseñar y corregir los aspectos deportivos.

Los padres tienen otro papel: acompañar, escuchar y apoyar.

Desde la grada, animar y transmitir tranquilidad suele ser mucho más útil que dar instrucciones constantemente.

El niño necesita saber que sus padres están a su lado tanto cuando gana como cuando pierde.

Aprender a perder también forma parte del fútbol

Una derrota puede enseñar cosas que una victoria no siempre enseña: humildad, perseverancia, capacidad de análisis y resiliencia.

Por eso, no debemos intentar evitar todas las frustraciones de nuestros hijos.

Debemos ayudarles a atravesarlas y aprender de ellas.